¡Aire limpio ya!
Por María Enríquez Rodríguez
El miércoles pasado fue un día apocalíptico, estuvimos expuestos a concentraciones altamente peligrosas para nuestra salud. No vengo aquí a repetir lo que expertos y médicos nos dicen desde hace tiempo, que el aire de Monterrey nos quita vida y que el problema que enfrentamos es complejo y estructural. Vengo más bien a reflexionar lo que han significado ocho años de lucha por el aire limpio.
Mi motivación para esta causa son mis hijos, lo que quiero para ellos es que tengan una vida saludable y plena que les permita disfrutar su camino. Igual de valiosa es la motivación de Karla, mi compañera. Ella ve en la búsqueda de aire limpio una lucha profunda de justicia.
Me atrevería a asegurar que todos quienes habitamos la Ciudad queremos aire limpio, es un pedido común que todos deseamos. Sin embargo, aunque la causa es de todos, el camino está lleno de obstáculos que hacen muy complicado avanzar en la solución.
La problemática se enfrenta a tomadores de decisiones, autoridades y empresas que muchas veces evaden su responsabilidad, argumentan que el tema no es de su competencia; que las demandas son excesivas; que vivimos en el desierto y que la contaminación es natural; que las estaciones de monitoreo presentan fallas técnicas; que se está haciendo todo lo que se puede, pero falta colaboración de otros actores.
Argumentan que no hay evidencia local que vincule contaminación con morbilidad; que la industria es el corazón de Monterrey y que no se puede pensar en otro perfil de Ciudad; que sí se cumplen las normas de emisiones y que no se puede hacer nada más; que es mejor enfocarnos en la refinería y en la gasolina y así nos desenfocamos de lo demás.
Todo esto poniendo a prueba la capacidad de quienes negocian, presionan y buscan ese hilo fino por dónde continuar.
También están los ciudadanos, preocupados por este tema en invierno, por la pésima calidad del aire que se agudiza en la temporada, solicitando apoyo para visibilizar la problemática, pero los meses restantes hundidos en un statu quo que, por comodidad o supervivencia, no les permite reflexionar sobre el uso excesivo de su auto, su demanda como consumidores o su papel activo como ciudadanos.
De fondo no hay interés por cambiar, porque las soluciones del aire implican incomodarnos y dejar un estilo de vida individual para convertirlo en colectivo. Para muchos las bicis no merecen espacio, es mejor no tener árboles que "ensucien" la calle y hay que extender la Ciudad.
Finalmente, dentro del pequeñísimo grupo de defensores ambientales hay diferencias sobre cómo avanzar, ¿qué se pide primero?, ¿es mejor presionar o sentarse en la mesa ?, ¿se vale empezar por Pemex por su impacto y giro, o se empieza por las demás?
¿Cómo se miden las emisiones de las industrias si las COAs son inaccesibles?, ¿es oportuno solicitar la regulación de fuentes móviles si no hay alternativas de movilidad?, ¿dónde están las incongruencias que restan credibilidad?, ¿cómo se genera una verdadera transformación si no cambia de fondo el sistema?
Estas y muchas otras preguntas inundan las reflexiones para decidir a qué apostarle, cómo tomar decisiones estratégicas y cómo aumentar las voces que demanden una búsqueda de soluciones integrales para abordar la crisis estructural que vive nuestra Ciudad.
La verdad es que tener un medio ambiente sano y respirar aire limpio son derechos esenciales, son una condición básica de vida. Obviamente no todo es malo, la ciudadanía somos un recurso fundamental para apoyar en la solución de esta problemática.
En la CDMX el problema de calidad del aire se ha ido resolviendo, lo mismo ha pasado en ciudades chinas y otras latinoamericanas muy parecidas a Monterrey como Santiago y Bogotá.
Afortunadamente también existen tomadores de decisiones genuinamente preocupados y con voluntad, organizaciones de la sociedad civil con un alto compromiso para resolver estos temas, académicos, técnicos y ciudadanos que están dispuestos a apoyar.
Pero necesitamos ser cientos de miles voces más sumándose a esta lucha. Porque es una lucha por nuestra vida. ¿Y si no estamos dispuestos a luchar por nuestra vida, entonces por qué?
Esta solicitud no es un capricho. No hay que dividirnos. No hay intención de hacerlo personal. El pedido es genuino, es por mis hijos y por los tuyos. Lo único que queremos es respirar aire limpio ya.
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